Valores

La satisfacción del deber cumplido: un valor que se vive, no se explica

Equipo académico del Liceo BYS · Liceo BYS · Quito

Un valor que no se memoriza

Hay valores que se pueden explicar en una clase y otros que solamente se entienden cuando se viven. La satisfacción del deber cumplido pertenece a este segundo grupo. Nadie siente orgullo por cumplir una tarea porque alguien se lo describió: lo siente porque la hizo, porque la sostuvo hasta el final y porque pudo mirar el resultado con las propias manos.

En el Liceo BYS este valor forma parte del lema que guía a la institución: disciplina, creatividad y esfuerzo. No es una frase decorativa, sino una manera de entender qué significa formar personas capaces de terminar lo que empiezan.

La satisfacción del deber cumplido no se enseña con palabras: se construye cuando el estudiante asume una responsabilidad real y la sostiene hasta el final.

Responsabilidades que se asumen, no que se escuchan

A los estudiantes del Liceo BYS se los llama cadetes. Dentro de esa estructura existen roles como el de Brigadier Mayor y los comandantes y subcomandantes de curso, además de un departamento de instrucción formal. Estos roles no son títulos simbólicos: implican responsabilidades concretas frente a los compañeros y frente a la institución.

Ocupar uno de estos roles, o simplemente formar parte de la estructura que ellos sostienen, pone al estudiante frente a una pregunta distinta a la de cualquier examen: ¿cumplí con lo que se esperaba de mí? Esa pregunta, repetida en distintos momentos del año escolar, es la que va formando la capacidad de sentir satisfacción genuina por el deber cumplido.

Los actos donde el compromiso se hace visible

El minuto cívico, la proclamación de abanderados y escoltas, y el juramento a la Bandera que realizan los estudiantes de tercero de bachillerato son momentos donde este valor se hace visible ante toda la comunidad educativa. No son solo actos protocolares: son instancias donde el estudiante asume públicamente un compromiso y lo sostiene con su conducta.

Estos espacios también conectan con otros valores que nombra el colegio, como el espíritu de cuerpo y el compañerismo. El deber cumplido rara vez es un logro solitario: casi siempre depende de que otros también hayan cumplido el suyo.

Qué puede hacer la familia en casa

Este valor se refuerza también fuera del colegio. Las familias pueden ayudar a sostenerlo si, en casa, acompañan al estudiante a terminar las tareas que empieza, por pequeñas que parezcan, en lugar de resolverlas por él. Reconocer el esfuerzo cuando una responsabilidad se cumple, y no solo el resultado final, ayuda a que el cadete asocie el cumplimiento del deber con una satisfacción propia y no con una obligación impuesta.

Conversar en casa sobre los roles que el estudiante asume dentro del colegio, sin minimizarlos ni sobredimensionarlos, también contribuye a que entienda el valor real de cumplir con lo que se le confía.

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